PRINCIPIOS DE LA GRAN AVENTURA EDUCATIVA

“Los principios que determinan el sendero educativo de la Gran Aventura Educativa y que deben hacerse vida a través de sus etapas y actividades, se resumen en ocho posibilidades que debe tener la persona (alumno, joven, padre, etc) al menos, mientras está participando en ella:”.

1.- EXPRESARSE CREATIVAMENTE

Cada persona encuentra múltiples formas de manifestar su ser auténtico. La creatividad se convierte en un puente hacia los demás, a través de la pintura, el teatro, la danza, la poesía, el deporte, la conversación y muchas otras experiencias. La expresión fortalece la confianza, despierta valores humanos y espirituales, y permite que las potencialidades ocultas se manifiesten con alegría y entusiasmo. 

El trabajo en equipo es la base del aprendizaje. Cada persona aporta su experiencia y riqueza personal, construyendo juntos un espacio de confianza, fraternidad y cooperación. La interacción constante genera un profundo sentido de pertenencia y motiva a descubrir nuevas formas de aprender y crear, celebrando la fuerza de la colaboración.

La educación se expande más allá de la sala de clases. Museos, bosques, calles, industrias y comunidades se convierten en escenarios de aprendizaje. Explorar distintos ambientes permite integrar experiencias reales y descubrir nuevas formas de comprender el mundo, reconociendo que la educación está presente en todos los espacios donde las personas crean y transforman.

La confianza, la amistad y el diálogo son la base de la Gran Aventura Educativa. Confiar significa respetar y aceptar al otro tal como es, generando seguridad y espontaneidad en la interacción. La comunicación abre espacios de encuentro donde las personas comparten inquietudes, sueños y experiencias, cimentando relaciones profundas y significativas.

Cada persona es protagonista de su proceso de aprendizaje. Se busca que aprenda a pensar, hacer y valorar proyectos que ella misma desea y elige, desarrollando autonomía y compromiso. La educación se convierte en un camino permanente, donde cada estudiante define sus objetivos, ejecuta sus acciones y reflexiona sobre sus resultados, fortaleciendo su libertad y confianza.

Los educadores–animadores acompañan con energía, empatía y visión de futuro. Su rol es motivar, orientar y dar vida a los grupos, creando un ambiente de libertad y confianza. Con creatividad, recursos pedagógicos y trabajo en equipo, se convierten en guías que fortalecen la motivación y la cohesión grupal, impulsando a cada persona a vivir su educación como una verdadera aventura.

La Gran Aventura Educativa promueve un crecimiento integral en armonía con el cuerpo, la comunidad y la naturaleza. Se fomenta la vida al aire libre, el respeto por los ritmos de la creación y la responsabilidad frente al impacto humano en el planeta. Aprender a admirar, disfrutar y proteger la naturaleza fortalece la sensibilidad, la solidaridad y el compromiso con un futuro sostenible.

La educación es un camino hacia la felicidad compartida. Este principio se fundamenta en valores como la solidaridad, la generosidad, la confianza y la amistad. La verdadera felicidad surge al crecer juntos, superar dificultades y construir proyectos comunes con creatividad y esperanza, asumiendo una actitud de apertura y fe en el ser humano.

¡HAGAMOS!, ¡INVENTEMOS!,
¡CONSTRUYAMOS!, ¡REALICEMOS UNA AVENTURA!, SEAMOS PERSONA, CREZCAMOS EN
TRASCENDENCIA.

Aburto, 1984

Autor de La Gran Aventura Educativa
valores

VALORES EDUCATIVOS

En los principios educativos se plantean una serie de valores que la institución escolar debe procurar promover y vivenciar en todos los ámbitos del quehacer de la escuela; y que los actores: estudiantes, profesores y padres y apoderados deben adscribir e incorporar en su estilo de vida. Considerando la tarea específica que nos congrega: educar, y los objetivos fundamentales para el aprendizaje planteados en los programas de estudios, se ha definido seleccionar valores y procurar
que se internalicen en la vida de los actores de la comunidad educativa. 

Estos valores son:

LEALTAD

Es comprometerse y cumplir tanto con uno mismo como con los demás, incluso cuando las circunstancias son adversas. Somos leales no sólo con las personas, sino con sus ideales, causas, motivaciones e incluso sus problemas y dificultades. Implica ser honesto, claro y decir la verdad. La lealtad no debe confundirse con manipular, mentir o proteger a alguien que atente contra un bien mayor.

Es colaborar con las personas, más allá de que se encuentre en una necesidad o dificultad. Así como debemos aprender y aceptar el apoyo que nos puedan brindar.

Es la fuerza de voluntad que impulsa cualquier realización. Implica determinación y entrega para cumplir las metas, tomando decisiones y usando los recursos disponibles. Ante las dificultades que se nos presenten, buscamos soluciones e insistimos en intentarlo una vez más. El fracaso, por lo tanto, es una oportunidad valiosa para alcanzar el aprendizaje, y no un término de la meta propuesta.

Es comprometerse con el cumplimiento de metas personales y compartidas donde las personas son responsables y realizan acciones, sin necesidad que alguien vigile o sancione.

Es valorar y considerarse a uno mismo experimentando el autorrespeto. Asimismo, es admirar el valor de cada una de las personas, reconociéndolos como sujetos de derechos inherentes e innatos, valorando la individualidad y apreciando la diversidad.

Es realizar y cumplir las obligaciones designadas para llevar a buen fin, un proyecto personal o compartido, poniendo lo mejor de cada uno. El que actúa con responsabilidad también tiene la madurez de saber cuándo debe delegarse en otro la tarea y actuar en colaboración. Ser responsable implica aprender a pensar, hacer y valorar asumiendo un rol protagónico en su proceso formativo.